La histórica alianza que Apple y OpenAI consolidaron en el año 2024 se ha roto por completo. La semana pasada, Apple ha presentado formalmente una demanda contra la empresa de inteligencia artificial dirigida por Sam Altman, acusándola del robo sistemático de secretos comerciales y propiedad intelectual sensible. Según la denuncia judicial, el objetivo de OpenAI era sustraer diseños de productos, listas de proveedores e información confidencial de hardware para acelerar el desarrollo de sus propios dispositivos físicos de consumo.

La compañía de la manzana afirma en el expediente que OpenAI montó una estrategia agresiva para «cazar» a ingenieros y ejecutivos clave de Apple, persuadiéndolos o dirigiéndolos para que entregaran material de alta seguridad antes y después de abandonar la empresa. Un portavoz de Apple confirmó la ofensiva legal a través de un comunicado por correo electrónico:
«Recientemente han surgido pruebas significativas que sugieren que personas empleadas por OpenAI tomaron injustamente la información secreta y confidencial de Apple sobre nuestras tecnologías, procesos y productos no publicados.»
Por su parte, Drew Pusateri, portavoz oficial de OpenAI, mitigó la gravedad de las acusaciones argumentando que la firma jurídica está revisando los folios de la presentación en el juzgado. «No nos interesan los secretos comerciales de otras empresas. Seguimos centrados en construir tecnología innovadora que empodere a las personas en todas partes», añadió.
Esta fractura legal representa un giro radical en las relaciones de ambos gigantes tecnológicos. En 2024, Apple anunció con bombo y platillo la integración nativa de ChatGPT dentro de la arquitectura de Apple Intelligence para iPhone, iPad y Mac. Sin embargo, el distanciamiento se hizo evidente el mes pasado durante la renovación masiva del asistente de voz Siri: Apple decidió dejar de lado el modelo de lenguaje de OpenAI y estructuró sus nuevas funciones de IA apoyándose en la plataforma Gemini de Google.

Las fricciones internas alcanzaron su punto más alto cuando OpenAI desembolsó 6,400 millones de dólares para adquirir io Products, una startup de hardware fundada y dirigida por el legendario exdirector de diseño de Apple, Jony Ive. Esta compra evidenció el deseo de OpenAI de ingresar al negocio de los dispositivos físicos. La demanda de Apple incluye directamente a io Products y no escatima en adjetivos calificativos sobre este movimiento comercial:
«El incipiente negocio de hardware de OpenAI descansa ahora sobre los cimientos más frágiles, podridos hasta la médula por su dependencia ilegal de secretos comerciales malversados.»
La demanda judicial expone nombres de ex altos cargos de Apple que hoy ocupan puestos de relevancia en OpenAI. Uno de los señalados principales es Tang Yew Tan, actual director de hardware de OpenAI y antiguo vicepresidente de la división de diseño de dispositivos en Cupertino.

Apple acusa a Tan de haber extraído bases de datos detalladas sobre la cadena de suministro y los proveedores internacionales de la firma, además de instaurar una práctica ilícita durante las entrevistas laborales en OpenAI. La denuncia afirma que Tan obligaba o sugería a los ingenieros de Apple que postulaban para un puesto a llevar «piezas reales» y componentes de hardware en desarrollo a sus entrevistas para realizar sesiones de «mostrar y contar», permitiendo que el equipo de OpenAI analizara físicamente la ingeniería de la manzana.
El documento también cita al exempleado Chang Liu, a quien se le acusa de haberse marchado de las oficinas de Apple en posesión de una computadora portátil corporativa. La firma tecnológica detalla que Liu aprovechó una vulnerabilidad y un fallo de autenticación de seguridad en los servidores internos para hackear la red de la compañía, logrando descargar de forma ilegal decenas de archivos de alta confidencialidad estrechamente relacionados con proyectos de hardware no anunciados.
A través de sus representantes legales, Apple busca una compensación económica total por daños y perjuicios, sumada a una orden judicial inmediata y restrictiva que prohíba de forma definitiva a OpenAI poseer, transferir o utilizar cualquier tipo de secreto comercial derivado de los laboratorios de Cupertino. «Proteger el trabajo y la propiedad intelectual de nuestros equipos es algo que nos tomamos muy en serio», concluyó el portavoz Apple.
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Fuente: theguardian